“Cada generación tiene derecho a reescribir la historia”

Josefina CuestaENTREVISTA EN EL DIARIO LA GACETA: http://www.lagaceta.com.ar/nota/702300/sociedad/cada-generacion-tiene-derecho-reescribir-historia.html

La catedrática española, Josefina Cuesta, participa en el Congreso de Historia Oral.

Ardía la Argentina del corralito cuando Josefina Cuesta Bustillo desembarcó por primera vez en el país. Había llegado invitada por la Universidad Nacional de La Plata, cuya Maestría de Memoria e Historia la cuenta entre sus referentes. Hubo otras visitas, hasta que Tucumán apareció en el mapa de sus travesías transoceánicas: el miércoles inauguró con una conferencia el Congreso de Historia Oral. ¿Qué dice la catedrática española sobre la Argentina? “Volvería todos los años”.

De aquella visita inicial Cuesta Bustillo recuerda un dato. Comprobó que las fichas policiales argentinas eran idénticas a las del franquismo, que a su vez eran iguales a las de la Alemania nazi. El ojo de la historiadora se mantiene activo en todo tiempo y en todo lugar. Si bien su presencia en Tucumán está ligada con el concepto de memoria y oralidad en los procesos históricos, el radio de acción de Cuesta Bustillo aborda muchas otras temáticas, entre ellas la historia del presente y la historia de las mujeres. Entrevistarla implica iniciar un viaje en el que van apareciendo más y más puertos.

Nacida en Burgos, a un paso del País Vasco, y formada en Valladolid, Cuesta Bustillo acumula 45 años de experiencia docente e investigativa en la Universidad de Salamanca. Allí fue directora del Doctorado de Rubén Kotler, el historiador tucumano que coordina la organización del Congreso de Historia Oral. Él la acompañó a LA GACETA y Cuesta Bustillo tomó la palabra para hablar del trabajo que la apasiona.
-¿Por qué es importante rescatar la memoria en los procesos históricos?

– Porque el hecho de no utilizarla nos quita una herramienta crítica para analizar nuestra sociedad. Pero la memoria también tiene trampas y ese fue el tema de la conferencia inaugural del congreso. El de la memoria es un proceso complejo, en el que se acumula el recuerdo, pero también el olvido, el cambio, la mitificación y la desmitificación. Cuento lo que me gusta y olvido lo que es negativo para el presente.

– ¿Y qué pasa cuando se recoge un testimonio que termina no siendo real?

– Hay fallas que se explican. Hay un caso emblemático en España, que fue descubierto por el historiador Benito Bermejo: el de Enric Marco. Él contó que había sido víctima del nazismo en el campo de concentración de Mauthausen y llegó a ser presidente de una asociación de sobrevivientes. Pero no era cierto, nunca había estado preso en ese campo. Marco se apropió de una memoria ajena, la hizo suya y se ocupó de difundirla, por ejemplo recorriendo las escuelas de Cataluña. Marco ha contribuido a denunciar la opresión de los poderes autoritarios y eso se le puede reconocer. En su caso, mitificó su propia memoria.

– ¿Cuáles son los desafíos que afronta el historiador cuando trabaja con fuentes orales?

– El historiador debe crear empatía con el testigo para obtener el testimonio más veraz posible. Afilar todos los lápices para hacer el análisis crítico antes de proceder a la transmisión del testimonio. Entre lo que se ha vivido y lo que se narra hay un proceso: lo que se vio, lo que se retuvo, qué se cuenta y cómo se lo cuenta, si es un relato circular, si parte de un trauma. Es necesario un análisis del relato, que estará sujeto a condiciones internas y externas en sus ejes. El trabajo sobre el material es complejo.

– Es una defensora del concepto de historia del presente, ¿por qué?

– Creo que cada generación tiene derecho a repensar y reescribir la historia, porque es la manera en la que podrán reflexionar sobre su tiempo. Argentina está más abierta a este concepto de historia del presente, incluso hay un libro muy bueno de Beatriz Figallo sobre el tema. Pero hay núcleos de colegas en otros países, como en México, en los que se encuentran más resistencias.

– De todos modos, no es un concepto nuevo…

– Tucídides, Jenofonte y Julio César escribían la historia de las guerras que estaban viviendo. En el origen de la historiografía está la historia del presente. Así fue hasta fines del siglo XIX. Desde Víctor Hugo y Benito Pérez Galdós a Marx y Engels, los ejemplos sobran en todas las épocas. El terreno se removió con la llegada de otras ciencias sociales, como la sociología o la antropología. De pronto el presente quedó para la sociología y el pasado para la historia. Fue un reflejo de la escuela positivista, que duró 60 o 70 años, frente a 25 siglos en los que se había hecho historia del presente. La materia de la historia es el tiempo, no el pasado, y el historiador reflexiona sobre las relaciones del tiempo. Cuento y callo del pasado lo que me interesa sobre el presente.

¿El periodismo también hace historia del presente?

– El testimonio es la primera fase de la escritura de la historia. El periodista es un activo participante en esa instancia, y posiblemente también en una segunda fase, que puede ser la reelaboración de ese material. Desde ese lugar, la prensa opera como un archivo, como un depósito de la memoria.

-El ejercicio de la memoria es permanente en Argentina gracias a los juicios por crímenes de lesa humanidad. ¿Cómo siguen esto desde España?

– Como modélico. España ha seguido los pasos de Argentina, pero desde lejos. En mi país no hemos llegado a los niveles de búsqueda de la verdad y recuperación de los derechos en todos los niveles.

– ¿Cómo puede evitarse en estos casos la manipulación de la historia?

Contando la verdad. Vamos al caso de España. En 1936 el pueblo eligió democráticamente un gobierno y poco después se produjo un golpe de Estado. Pudo haber víctimas de ambos lados, pero hay que esclarecer la verdad y hacer las diferencias. Para eso hay que explicar que en un caso existió una legalidad y por el otro la fuerza de las armas. Los políticos juegan con la simplificación, con el dualismo: dicen todos fueron asesinos, o todos fueron víctimas. Entonces no se puede hablar de dos bandos, como la teoría de los dos demonios.

-Como estudiosa de la historia de las mujeres, ¿qué opina sobre la asignación de cupos, como por ejemplo ocurre con las candidaturas políticas?

– Fui enemiga de los cupos hasta 1999, cuando asistí a una conferencia europea sobre mujeres y poder. Eran más de 800 mujeres, escuché la posición de las suecas, de las nórdicas, y cambié. Me convencieron de la necesidad de los cupos. La ONU habla de acción positiva –también se le dice discriminación positiva, pero no me gusta la palabra discriminación-. Cuando una sociedad está desequilibrada los Estados u organizaciones están obligados, por ley, a adoptar las medidas necesarias para garantizar la igualdad. Está demostrado que quien tiene el poder no lo comparte, y lo mismo podríamos decir de la riqueza. Cuando esa desigualdad es una constante hacen falta medidas terapéuticas. Pero este concepto de la ONU se extiende a todas las desigualdades o minorías sojuzgadas, desde los indígenas de Brasil a las comunidades de color de cualquier ciudad de Estados Unidos, por eso lo defiendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *